Innovación en los sistemas de gestión

Los sistemas de gestión demandan cambios.
En tiempo de crisis las iniciativas empresariales deben reinventarse ¿Se puede innovar en tiempos difíciles? No solamente se puede sino que se deben renovar las ideas y estas deben ir acompañadas de sistemas de control y de gestión que "midan" los procesos de mejora.

La dependencia de las empresas en remunerar al personal en función de sus objetivos financieros ya no sirve. Las empresas cotizan su valor por activos intangibles que deben ser considerados como parte del incentivo que genera valor de mercado.

Los mercados están cambiando así como las actitudes de los consumidores. Aumenta la exigencia de los clientes que disponen de mayor información/formación, además se comparten experiencias de compra y se facilita el acceso a mercados más globales, donde la situación geográfica ya no es un factor diferencial. Aumenta la competitividad.
Disminuyen las barreras de entrada, el auge de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) favorece el acceso de nuevos competidores que requieren de menos recursos financieros. Se dispone de canales de comunicación mucho más accesibles. En suma se dan las condiciones para una oferta de mercado con productos y servicios cada vez menos diferenciados, más commodities, donde es más fácil copiar y adaptarse.
Todos estos factores generan una mayor competitividad y dinamismo. Para combatirlo las estrategias corporativas deben ir impregnadas de innovación y los sistemas de gestión tienen que guiar al proceso de  creación de valor mediante el análisis de su cadena de valor.

Las recetas tradicionales de optimización de costes, reingeniería de procesos y recorte de márgenes no son suficientes, los planes estratégicos tienen que sustentarse en estrategias de innovación cuya aplicabilidad corra a cargo de contrastadas metodologías de implementación. El cuadro de mando integral ayuda a las compañías a ejecutar el plan estratégico y las dota de un modelo de gestión más adaptativo y acorde con las nuevas exigencias del mercado.

Para que la dinámica empresarial pueda abordar con eficacia su adaptabilidad estratégica necesita disponer de herramientas de gestión que ofrezcan una visión holística del negocio. El Balanced scorecard proporciona una visión global al distribuir los objetivos estratégicos en cuatro perspectivas (perspectiva financiera o cuantitativa, perspectiva de clientes o de mercado, perspectiva de procesos y perspectiva de innovación y aprendizaje).
De esta manera las decisiones de negocio se apoyan en procesos más heurísticos y focalizados, necesarios en entornos tan sumamente competitivos.

En definitiva, en tiempos de cambio las estrategias de innovación (de diversificación o crecimiento) deberán incorporar modelos de gestión que conduzcan a su viabilidad en plena sintonía con el mercado.
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